“Es necesario que el diseño se cuestione, con calma, racionalidad y liberalidad, para elegir el mejor camino y exaltar los elementos primordiales de la existencia humana”

(Ana Livni y Fernando Escuder, manifiesto de Moda Lenta, 2009)

 

Más allá de lo textil, o mejor, antes de transformase en una cuestión textil, Ana Livni y Fernando Escuder, diseñadores de moda de la distinguida marca uruguaya Moda Lenta, dialogan con el propio concepto de ser de la moda, de lo que significa vestirse y de todo aquello que comprende el acto de comprar‐se una vestimenta. El mundo del fast‐food es el mismo del fast‐fashion y de la franquicia corporativa; es también el mundo del imperio de producción barata y masiva global, China. Desde las marcas de ropa del mas alto nivel a aquellas que apuntan hacia un mercado mas amplio, todas comparten en sus etiquetas de fabricación las mismas tres palabras, “Made in China”. Toneladas de cajas de toda suerte de productos despliegan desde los puertos aéreos y fluviales del imperio oriental hacia todas las puntas del planeta. Y Uruguay no es una excepción, tampoco en su ritual de recepción, luego del cual repartidas las cajas a sus respectivos importadores, prosigue en otorgarles su nueva identidad: la “marca local”. ¿Qué compramos, de que es hecho, por que es este precio y no aquel, que escala laboral le destina tal valor de venta a tal cosa? Cuando uno se pone a reflejar sobre las cadenas laborales implicadas en toda la trayectoria de un dado producto, puede obtener una idea bastante compleja acerca de la estructura social, económica y política que rige al mundo hoy. Pero el hecho es que hoy podemos comprar mucho más por mucho menos, y en el poco tiempo que nos sobra para disfrutar de una nueva compra personal, ya ni se nos pasa esa película por la cabeza. ¿Quién se pone a pensar si al adquirir ese par de zapatos deportivos que lucen tan buenos cientos de niños a miles de millas de aquí no saben lo que es un colegio porque se pasan 12 horas trancados dentro de un galpón gigante y frío, cortando, tiñendo, cociendo? ¿Cómo es posible que un producto proveniente de China, diseñado en Brasil e importado por una empresa norteamericana, me cueste menos que un pedazo de tela pura? El producto acabado pronto para vestir cuesta menos, o lo mismo, que la materia‐prima local, que aún tiene que ser diseñada, cortada, cocida. Me compro una remera de cada color, total cuestan $200 cada una, cuando se me agujereen, las tiro. Uso y desuso, como el papel, el cartón, la espuma, la bolsa plástica, la botella plástica, el vaso plástico, latas y latas y frascos de vidrio…

 

En fin.

Moda Lenta si lo piensa, se enfrenta a esta corriente y le camina en contramano. Ana y Fernando crean tantos abrigos invernales, sacos, blazers, tapados, bufandas, echarpes, chalecos, porque en Uruguay hay mucha lana, y no mucho más que eso a nivel de producción textil. He aquí el punto de partida de Moda Lenta: ¿que tenemos para crear en el Uruguay, y que podemos hacer con lo que tenemos? Aquí ya se eliminan unas cuantas instancias de la cadena laboral global, a comenzar por la importación y los inmensos costos que otorgan las exportaciones, no apenas económicos sino que también, ambientales. Al trabajar un producto nacional los creadores trabajan una historia cultural y geográfica, y en el diseño, reflejan continuamente sobre su propia

identidad. A continuar el trascurso a contra‐corriente, Ana y Fernando crean y producen sus estampados propios, muchos de los cuales provienen de procesos artísticos tan íntimos y poéticos como el tejer un collar de cinta cassette o tirar un juego de palitos al azar y serigrafiar sus resultados abstractos en diversos colores. Estudian desde la recreación de la materia‐prima ovina en un fieltro especialmente suave y fino hasta la aplicación final del diseño textil sobre cada prenda rigurosamente estudiada y ejecutada en su concepción, corte y costura.

El Arte.

Nunca los dejó, al contrario, los ha acompañado en su amor mutuo por el vestir‐se, por el auto‐crearse. Por esa razón los invitamos a Ana y a Fernando para pensar un diálogo en el contexto de una galería de arte, nos quedamos abiertos para que propusieran un proyecto en el cual se tomasen toda la libertad necesaria. Los desafiamos con un proyecto artístico despreocupado con el producto final destinado al cuerpo, el arte por si mismo.

Aprovechando las noches en claro (no por insomnio, sino porque recién tuvieron familia!), este gran dúo pone en reflexión la esencia de su trabajo y la vuelca sobre un

nuevo soporte. No solo alcanzaron el desafío, sino que lo ultrapasaron.

Doble antropomórfico.

La cuestión de esencia político‐filosófica del proceso creativo de la dupla no los pudo dejar, al contrario, se transformó en el punto de partida conceptual del proyecto.

Entonces pensaron, como sería entrar en una tienda de prendas baratas importadas de China (o via India, Pakistán, Ecuador, Guatemala…), comprar algunos conjuntos de pijamas, por ejemplo, y trabajar sobre esa “materia‐prima”? Al final, cuestan lo mismo que un pedazo de tela, entonces por que no trabajar con algo que nunca les interesó como diseño de moda, pero en el contexto de una muestra de arte contemporáneo, podría dispararles algunas ideas? Ir de encuentro a una realidad disímil, lejana y antagónica a la realidad cuidadosamente construida por ellos, pero que en este contexto, pueden invitarla para un diálogo. Fue lo que hicieron. ¿Y ahora, que hacer con estos pijamas sintéticos? Jugar con ellos, usarlos como un pintor usa el papel de esbozo, como el escultor usa la arcilla, doblar, dar vuelta, estirar, torcer, rellenar; ¿que desean ser estos pobres conjuntos de padrones realizados sin ningún proyecto de diseño en mente, apenas bajo la idea de vestir al cuerpo mediano de la manera mas amplia y generalizada posible, con el único objetivo de hacer negocio, ganar dinero? Son de color dorado‐amarillento, de tela igualmente incierta que parece imitar la seda, algunos se atreven con alguna estampa, pero no traerían nada mínimamente audaz u original; son prendas básicas de corte regular y costura rápida, a menudo torcida. Entienden el cuerpo como un conjunto homogéneo de piernas, brazos y un cuello. Paradójicamente, la etiqueta de composición textil de cada prenda traiciona la mezcla sintética, una suerte de ingredientes de origen plástico que surgen como mutaciones, y dependiendo de la instancia que les dio origen, resultan interesantes o, en casos como estos, más bien duras, de poca elasticidad y porosidad, telas que no respiran. Anclándose sobre estas circunstancias, Livni‐Escuder realizaron un conjunto de objetos de aspecto antropomórfico que se interconectan y cambian de forma continuamente. Como los pollos de los criaderos industriales que nacen, crecen y mueren dentro de la misma jaula repleta de tantos otros iguales, estos objetos humanoides no tienen cabeza, algunos tienen tres brazos, otros cuatro piernas amputadas; mantienen la alusión al cuerpo humano porque eran pijamas; pero si salimos de esa mirada, podemos reconocer formas reminiscentes de esculturas de Picasso, Arp, Miró. Figuras lúdicas que invitan a la interacción, otras al reposo como grandes almohadones de piso, cama o sillón. Los intervencionistas prueban sus estampados, tintas y proceso serigráfico contra estos productos, superponiendo capas de dibujos y colores, estableciendo por primera vez, un dialogo con el fenómeno masivo de la moda rápida.

Un diálogo (más que) textil proveniente de dos realidades dispares construye en el impredecible lugar de su encuentro un nuevo diseño, una nueva idea, y mas que nada,una importante reflexión. “Queremos ensalzar la producción sustentable, el ciclo del producto, que evoluciona con la tierra, sobre el circuito de su órbita, prestando atención a todos los detalles: el antes y el después de lo que generamos,” escriben los artistas en ítem número 5 de su manifiesto. Como una especie de hiato en su trayectoria dedicada a lo local y sustentable, Ana y Fernando proponen aquí una mirada hacia el tipo de producto que circula en la órbita de sus rigurosas y poéticas investigaciones textiles, se apropian de lo masificado para re‐situarlo en el espectro opuesto al que están destinados: de producto final, se transforman en lo que, en realidad, nunca pudieron ser: materia‐prima. Vuelven, entonces, a encontrarse en el seno de su filosofía, a través de un movimiento circular y subversivo, por medio del reciclaje.

 

Veronica Cordeiro, agosto, 2010.